¡Neurociencia!

¡Neurociencia!

Teniendo en cuenta tiempos complejos, de grandes pruebas y reflexiones, entre otras por lo fugaz y volátil que resulta la vida y su existencia en medio de la reciente pandemia, en donde finalmente nos damos cuenta que somos volátiles, nuestra supervivencia se encuentra en medio de experiencias de vida, experiencia de educación y formación, y experticia; en resumen, conocimiento.

Nos encontramos en la era de la información, donde se rompieron paradigmas y fronteras, en donde la información y el control de la misma son muy valiosos, pero ante todo hoy por hoy se le está dando valor real por encima de cualquier desempeño, al “conocimiento”, y de ello el conocimiento especializado que propenda por la vida, el desarrollo social, y la protección del medio ambiente.

Se nos ha enseñado a conocer a nuestros pares e impares, el entorno y las diferentes disciplinas, pero no se nos ha enseñado primero a conocernos a nosotros mismos, como consecuencia los diferentes conflictos. Como reflexión, quiero acudir a algo complejo y que hemos descuidado, nuestro cerebro (entender y comprender sus funciones) y de ello la neurociencia, quizás si por cultura lo hiciéramos, estoy seguro de que nuestras relaciones interpersonales mejorarían y así se reducirían los conflictos.

Aquellos que conocemos al Dr. Rodolfo Llinás, admiramos sus investigaciones y en su libro “El cerebro y el mito del yo” recorre la historia de la neurociencia (campo de la ciencia que estudia el sistema nervioso y todos sus aspectos) en su búsqueda por intentar explicar el funcionamiento de la mente y el cerebro, dando lugar a las bases biológicas de la cognición y la conducta; temática que nos compete en el entender de cómo ser cada día mejor y de nuestro crecimiento integral, como también del conocernos.

La cognición (conocer) es la facultad de un ser vivo para procesar información a partir de la percepción, el conocimiento adquirido (experiencia) y características subjetivas que permiten valorar la información (aprendizaje, el razonamiento, la atención, la memoria, la resolución de problemas, la toma de decisiones, los sentimientos).

El comportamiento o conducta es, el conjunto de respuestas, bien por presencia o por ausencia, que presenta un ser vivo en relación con su entorno o mundo de estímulos. La etología estudia la conducta y el comportamiento animal (Hombre, animales y su relación); un ejemplo de ello es la conducta y el comportamiento del perro y el gato, la serpiente y el águila. En el caso del perro y el gato, el primero es al amo y el segundo al hogar, a la casa, y frente a esto ¿cómo te consideras?

Volviendo a nuestro tema sobre el crecimiento integral, ínsito sobre la importancia de conocernos a nosotros mismos, aprender a relacionarnos, de entender, comprender de por qué somos como somos, entre otras, biológicamente y químicamente, del gobierno e interacción del cerebro, la mente con nuestro cuerpo y demás órganos, así mismo nuestras relaciones interpersonales, la empatía y la química, “la química de nuestra relación, no eres tu ni yo, son nuestros neurotransmisores”, sentimientos intensos, caóticos, a veces incluso contradictorios.

“Amar es cerebralmente un baile y hay que bailar con el que pueda danzar con el cerebro de uno.” Rodolfo Llinás

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