Temer a Perder

Temer a Perder

Aquel día dejé de temer a perder y empecé a temer a no ganar, descubrí que no era yo el mejor y que quizás nunca lo fui. Me dejó de importar quién ganara o perdiera; ahora me importa simplemente saberme mejor que ayer.

Gran número de personas no arriesgan, ¡no les gusta!, ¡les da miedo! Y prefieren estar siempre en zona de confort, “más vale pájaro en mano que cien volando” es parte de los refranes de nuestra cultura, pero a su vez es el reflejo de personas conformistas, que difícilmente se someten a autosuperación por los miedos y debilidades que hay en su carácter, pero más aún difícilmente se confrontan y difícilmente aceptan el reto de ser cada día buenos, más aún mejores y de ello llegar a la excelencia.

Por lo tanto, el “miedo a perder” puede igualmente ser entendido como el “miedo a ganar”, porque todo aquel que quiere alcanzar la victoria implícitamente reconoce la existencia y la probabilidad de la derrota; y si se pone en acción es básicamente producto de que su amor por la victoria es superior a su temor por la derrota.

En una buena parte de los casos el miedo a perder es producto de un espíritu débil. La dimensión espiritual del hombre se manifiesta fundamentalmente a través de la fe y esta es justamente la que se encuentra ausente entre aquellos que profesan un agudo temor a perder. La Fe transmite seguridad en el porvenir. Muchos estudios e investigaciones al respecto evalúan ¿cuál es el mayor miedo? Y más notorio en los hombres es el miedo al fracaso y en las mujeres ¡su inseguridad!

Podemos suponer que las personas que tienen “miedo a perder” en realidad son personas que quieren ganar como cualquier otro; es decir, “no es que no quiera ganar, solo que tengo miedo de perder”; sin embargo, esta deducción no es apropiada porque en la vida solo gana aquel que ha perdido y solo pierde aquel que quiere ganar. Esta es la dinámica básica. El triunfo y la derrota son hermanos siameses que solo pueden explicarse en su íntima coexistencia.

Cuando la interpretación del “temor a perder” alcanza la esfera del deseo de ganar se convierte ya en un problema complejo para el hombre y para la sociedad de la que forma parte, porque este tipo de persona construye y produce poco, limita su capacidad competitiva y puede convertirse en una víctima de la ineludible dinámica que forma la vida.

En la sociedad actual marcada por la competitividad, las capacidades y competencias de las personas están muy marcadas en los resultados del recurso humano, más que en las capacidades del talento o capital  humano y sus virtudes; es decir, su apreciación está dada en que las personas son otro bien dentro de las organizaciones y aparece al interior de ellos unos procesos que muchas veces su orientación está dada más en cantidad que en calidad, perdiendo entre otras la humanización de los procesos como consecuencia de temer a perder.

Es necesario la toma de conciencia de valores y principios, en tener una estabilidad psicosocial y afectiva que genere paz al interior de las personas, que son en esencia la razón del ser humano, más que en los resultados cuantitativos que han llevado a la deshumanización, entre otras porque no me conmueve el dolor y la necesidad ajena, por temer a perder.

 

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